F

Header Ads

México: un país en retroceso.

Publicidad
Publicidad
Publicidad

México es una nación de enorme extensión territorial que cuenta con un mosaico de condiciones ambientales propicias para desarrollar y aprovechar cualquier actividad económica, ¿por qué entonces retrocedemos? ¿Por qué México habiendo superado una larga historia de represión y esclavitud y siendo un país mega diverso en cultura, ecosistemas y climas no prospera?

¿Por qué más de la mitad de la población del país se encuentra en condiciones de extrema pobreza? ¿Por qué muchos vivimos con el agobio de las carencias y las deudas que debemos asumir para poder subsistir cada mes? Continuamente me preguntó, ¿por qué teniendo todas las condiciones para que todos vivamos mejor, cada vez la mayoría vivimos peor?



Tristemente la respuesta está en nosotros, que violentamos nuestros valores y nos conformamos admitiendo lo indebido, algunas veces porque no nos queda de otra. Somos un pueblo que sufre y aguanta más de lo tolerable, somos un pueblo desintegrado, pasivo, conformista y que también olvida.

De nuestros gobernantes, creo que el único que gobernó honestamente, fue Don Benito Juárez, se ocupó en desarrollar condiciones de vida más justas y equitativas para todos, en medio de un país “sin pies ni cabeza”, desorganizado y tirado en la miseria por guerras políticas internas y por invasiones extranjeras, además logró abolir el poder de la iglesia en asuntos que debía justamente controlar y administrar el estado. Con sus aciertos y errores, ha sido quizá el único Presidente de México con suficiente rectitud para sacar del hoyo a todo un país en aquellos años mil ochocientos y tantos.



Con otros gobiernos llegó el desarrollo industrial, el crecimiento económico e importantes avances para el desarrollo urbano y rural, pero otra vez, como en la época del virreinato, las mejoras en la calidad de vida de las personas se rezagaron, priorizando la economía y lujos de las altas clases sociales, la riqueza de los partidos políticos, y los privilegios de gobernantes, funcionarios públicos, sus familias y amigos.

¿Cómo es que hoy, con mayor estabilidad política, social, económica e internacional, ninguno de los Presidentes ha logrado erradicar la pobreza que por el contrario va en aumento, por qué no mejoran los salarios, los servicios de salud, seguridad, o educación, y por qué cada vez es más difícil acceder a préstamos y créditos bancarios que además es casi imposible pagar? Vamos en retroceso como si fuese el objetivo.

A través de la historia de México encontramos que el gobierno impulsa reformas, leyes o acciones que permiten ventaja y flexibilidad a los poderosos, a unos cuantos que a veces son los mismos de siempre, dejando al ciudadano común en lamentable posibilidad de desarrollo y defensa ante la adversidad, con trabajos mal pagados, condiciones laborales cada vez más injustas y leyes y reglamentos que en lugar de ser correctivos son arbitrarios y tortuosos.

Hoy el gobierno nos tiene de nuevo en su mano con la polémica de la Reforma Hacendaria o la Energética, que la mayoría de las personas no comprendemos, y que la opinión pública nos interpreta a través de los medios de comunicación pero con reducida confiabilidad porque algunas veces atiende a intereses personales.

Como sea, latente está el temor de la mala experiencia política y económica del país, que el pueblo ha tenido que pagar por decisiones mal intencionadas como las privatizaciones o concesiones de Telmex, Ferrocarriles de México, casetas en carreteras, aseguradoras, Bital, Serfín, Banamex, Inverlat o Bancomer, entre otros infortunados negocios, además de las alzas mensuales a la gasolina, con los incrementos que implica en el precio del gas, la energía, los alimentos básicos y casi todos los productos del mercado en la industria.

Ahora, con los desastres naturales ocasionados por las tormentas tropicales Ingrid y Manuel, el Presidente Enrique Peña Nieto exige a los gobiernos de los estados y a sus diversas instituciones y dependencias, aportar parte de su presupuesto al FONDEN (Fondo de Desastres Naturales), lo que implicaría el pretexto perfecto para crear un desajuste en las finanzas en diversas áreas y actividades, que incluso afectan y ponen en riesgo el pago yo el contrato de miles de trabajadores.

No es posible que se tomen ese tipo de decisiones en donde por ayudar a unos se perjudique a otros, y esos otros son el pueblo, no el Gobernador, no los ministros, ni diputados; es el pueblo a quien se aprieta, y es absolutamente innecesario ya que la ayuda está fluyendo de diversas formas y medios.

Indigna que el gobierno no se dispone a sacrificar su riqueza y comodidad para generar el recurso que implica el sustento del país, el costo de las importaciones de alimentos y el desarrollo en la industria petrolera; lo que dispone siempre es estrangular aún más la economía de los ciudadanos mediante la aplicación de más impuestos y sobre impuestos.

El gobierno (en sus tres poderes) no reduce sus gastos, los bonos, los privilegios, sus prestaciones o excentricidades para atender emergencias o para evitarle a la sociedad más gastos en su ya muy lastimada economía.

El pueblo de México es noble, literalmente se quita el pan de la boca para darlo al hermano en desgracia, pero ya nos cuesta donar, y nos pesa mucho más pagar impuestos adicionales o ver con buenos ojos cualquier intento de reforma, desconfiamos del destino que se le da a los recursos, los actos de corrupción en todos los sistemas públicos y privados en cualquier nivel son tan cotidianos, que no queda voluntad, esperanza ni ánimo de sumar esfuerzos para lograr el tan anhelado desarrollo de México que sexenio tras sexenio nos prometen.

Durante años, los gobiernos de este país, por costumbre y por la dejadez de la gente, ha establecido que debemos pagar por todos los errores intencionales y accidentales que comete su propio sistema. El pueblo debe pagar los desajustes de su mala administración, de su falta de previsión y también del desfalco que ocasionan a todas las instituciones e incluso de los negocios fraudulentos con la banca como en el caso del Fobaproa.

Así ha sido siempre y hasta el día de hoy, porque nuestro problema como mexicanos es que solemos ser vulnerables al poder, nos sobrepasa la ambición, el sentirnos más que otros, y nos desensibilizamos de la desgracia o la infortuna de los demás.

Ésta reforma hacendaria, ¿a quién beneficia, se reducirán los costos de los alimentos básicos, generará más empleos y mejor pagados, se recuperará la producción de los productos del campo o seguiremos importando, tendremos mejor condición para acceder a la educación pública o privada, qué hay detrás de la eliminación de impuestos IETU y por depósitos bancarios, qué acuerdo se propone a la banca para acceder a ésta medida, habrá mejoras en los ingresos de los mexicanos para el sustento del hogar? En conjunto, ¿la reforma hacendaria, la energética o la educativa nos proporcionan y nos garantizan una mejor calidad de vida a todos? Porque eso es lo que necesitamos con urgencia, es lo que hasta hoy estamos demandando aún de manera pacífica.

Y ya que esos y otros temas se encuentran en disyuntiva, nos queda consultar, investigar, leer y expresar a través de los medios de comunicación y en redes sociales, lo que esperamos y lo que queremos para nuestra vida y futuro, unamos nuestras voces en todas las formas posibles para expresar lo que tenemos claro, que es ser un mejor país, un país sin pobreza, sin injusticias y con un nuevo Proyecto de Nación que realmente garantice la justa distribución de la riqueza y la recaudación de impuestos de acuerdo a la posibilidad real de cada individuo.

A este país le urgen ciudadanos de valores inquebrantables, sensibles, comprometidos con el desarrollo y estabilidad del país y de sus habitantes.

México no será nunca un mejor país mientras la gente viva con pobreza y enfermedad, México nunca será un país digno mientras los habitantes no tengamos un trabajo bien remunerado. No saldremos adelante mientras no seamos capaces de darnos la mano unos a otros y mientras sigamos recitando frases como: “de que lloren en tu casa a que lloren en la mía, mejor que lloren en la tuya”. Modifiquemos nuestros pensamientos: “Que nadie llore en mi casa y te apoyaré para que nadie llore en la tuya”.

¿Hasta cuándo comprenderemos que la única forma de conseguir el bienestar común es uniéndonos, ayudándonos desde las más simples situaciones, solidarizándonos con aquellos que nos necesitan?

En cada uno de nosotros queda la responsabilidad de generar cambios importantes en beneficio de todos, con minúsculas aportaciones en nuestro diario vivir que en principio al menos, nos dejen la satisfacción de esforzarnos por ser mejores ciudadanos con el objeto de lograr ser el México que todos merecemos.

No hay comentarios

Con la tecnología de Blogger.