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Para tener una fortuna como la de Javier Duarte, tuvo que tener una "amistad muy grande". ¿Quién lo protege?

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El gobierno que detuvo a Elba Esther Gordillo y que capturó - no una sino dos veces - al Chapo Guzmán, hoy dice que no sabe en dónde están dos exgobernadores prófugos. El tema supone una crisis de incompetencia en donde dos políticos pueden evadir al peso del Estado, o una inacción solo explicable por complicidad. En ambos casos el escenario es desalentador.



Si el gobierno del Presidente Peña no puede detenerlos, mal negocio porque los dos anunciaron con tiempo su escape. Son figuras públicas cuyos bienes y relaciones son fácilmente rastreables y resulta difícil creer que pueden huir sin dejar huella. Y si por el contrario, el gobierno federal sabe en dónde están y no actúa en consecuencia, también estaría dando una prueba de cómo la corrupción (y su castigo) es objeto de negociación.

Javier Duarte y Guillermo Padrés son hoy dos símbolos del desastre que es nuestro sistema político. Uno en el que se pueden cometer toda clase de irregularidades por años, sin que nadie haga nada. Uno en el que los partidos solo sirven para postular personas al poder pero no para hacerse cargo de sus gestiones.

¿O el PAN nunca supo de los turbios manejos de Padrés?¿y en el PRI y el gobierno federal no se enteraban de los negocios de Javier Duarte? Las respuestas son obvias: lo sabían y simplemente voltearon para otro lado como hicieron y siguen haciendo en muchos otros casos más.



Por eso ahora no es creíble la súbita guerra de todos por combatir la corrupción. No vale para el PRI, no vale para el PAN, y por supuesto, no vale para un gobierno federal que está actuando poco, lento y mal cuando se trata de perseguir a políticos corruptos.

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