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Coca-Cola "recicla basura" pero se aprovecha de la mano de obra infantil en México.

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Los hermanos Herrera son menores de edad. El único trabajo que han hecho en sus vidas es recolectar basura. Viven con sus padres en una casa de cartón y madera con piso de tierra, rodeada de montañas de plástico, cartón y comida descompuesta en el Bordo de Xochiaca, un basurero en las afueras de la Ciudad de México.



Cada mañana, antes de salir para la escuela y cuando aún el sol no ha despuntado, caminan desde su casa hasta su puesto de trabajo, para ayudar a sus padres a clasificar la basura en busca de botellas de plástico.

Ellos son parte de una cadena sin la cual no funcionaría un lucrativo negocio de reciclaje operado por Coca-Cola de México y siete embotelladoras mexicanas de la multinacional.

La empresa sabe que hay niños en esa cadena y no hay ninguna señal de que lo evite, pese que en sus declaraciones de principios se precia de rechazar la utilización directa o indirecta del trabajo infantil en sus cadenas de suministro.



De hecho, el presidente de la planta recicladora Jaime Cámara no lo negó a Univision. Ante la pregunta de qué opinaba de que exista trabajo de niños y adolescentes en su cadena de recolección, titubeó, bajó el volumen de su voz para finalmente admitir que hay "algunos". En una entrevista en la que estuvo presente una representante del equipo de prensa de Coca-Cola en México, quien grabó las preguntas y respuestas a Univision, Cámara añadió que PetStar trata de "no involucrarse cuando hay ese elemento que identificamos".

En la práctica, la compañía no tiene una responsabilidad legal sobre las condiciones de los trabajadores por cuanto no hay un contrato directo con ellos. El cheque de pago es expedido solamente a nombre de un líder gremial que se encarga de comprar los desechos a familias como los Herrera.

"Me tengo que parar temprano y llevármelos porque, por ejemplo, ellos como están chicos luego no saben, ellos agarran un encendedor o algo, y es peligroso. Entonces por eso me los llevo temprano para que estén conmigo", contó la madres de los niños Erica Herrera a Univision en su casa al interior del basurero.

Para ir a trabajar, la familia anda el trecho desde la casa hasta el sitio al que llaman campamento, una choza de trozos de madera, cuya puerta es una cortina de una misión religiosa, que sirve como escudo ante el sol y la lluvia.

Allí los niños esperan mientras la madre se acerca a los camiones de la basura, que vierten sus cargas en el tiradero. Para aminorar el peligro de cortarse con un vidrio roto o con una aguja, Herrera utiliza su herramienta de trabajo: un gancho hecho con un metal doblado. Cuando ha llenado la bolsa, regresa al campamento, carga al hombro. Allí los niños le ayudan a clasificar los reciclables.

"Se me dificulta un poco, porque tengo que trabajar y regresar a echarles un ojo, que no se vayan a ir a donde está el peligro del carro, y otra vez irme a trabajar, regresar y después traérmelos para darles de comer, que se laven, se arreglen para ir a la escuela y después ir a dejarlos", relató.

Fuente completa: Univisión Noticias

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